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Una intensa actividad física puede prevenir el dolor crónico de mayores

Una intensa actividad física puede prevenir el dolor crónico de mayores

 

Los adultos mayores físicamente activos muestran una menor percepción del dolor y son más capaces de bloquear las respuestas a los estímulos dolorosos. Para comprobarlo, investigadores de la Universidad de Indiana Purdue sometieron a 51 adultos sanos de entre 60 y 77 años a diversas pruebas de procesamiento del dolor a través del sistema nervioso central.

Según concluyen los autores, este estudio demuestra por primera vez que la actividad física influye en el funcionamiento de los sistemas endógenos de modulación del dolor de las personas mayores.

Para la investigación, los experimentadores pidieron a los probandos, 21 hombres y 30 mujeres, que llevaran un dispositivo para medir su grado de actividad física durante una semana. Pasado ese tiempo, les solicitaron que realizaran dos pruebas de modulación del dolor ideadas para evaluar la forma en la que el sistema nervioso central interpreta y percibe dicha sensación.

Una de las pruebas, denominada suma temporal, consistía en aplicar estímulos de dolor (calor) de manera repetida en los probandos con el objetivo de medir la producción (facilitación) de las respuestas dolorosas. La segunda, llamada modulación condicionada del dolor y la más utilizada para estudiar la inhibición endógena de la sensación dolorosa, se basaba en la reducción del dolor que producía un estímulo (presión) en el antebrazo mediante un segundo estímulo de condicionamiento nocivo (calor) en otra parte del cuerpo. Es decir, inhibición del dolor mediante dolor.

El equipo constató que, en ambas pruebas, la modulación del dolor se encontraba relacionada con el grado de ejercicio de los participantes. En concreto, los adultos mayores que practicaban una actividad física entre moderada y vigorosa con frecuencia obtuvieron puntuaciones de dolor más bajas en la prueba de suma temporal, resultado que indicaba una menor facilitación del dolor. En los probandos que hacían ejercicio físico ligero o que estaban activos durante el día, las valoraciones en la prueba de modulación del dolor condicionado fueron más bajas, lo que mostraba una mejor inhibición.

En resumen, los adultos mayores que llevaban a cabo actividad física entre moderada y vigorosa percibían menos dolor, mientras que los que hacían al menos alguna actividad diaria eran más capaces de bloquear la sensación dolorosa.

Los autores señalan que estas diferencias pueden resultar relevantes para contrarrestar el llamado proceso de sensibilización central, el cual afecta al sistema nervioso central y se estima responsable de la transición del dolor agudo al crónico al descender el umbral del dolor y alterarse la percepción de los estímulos normalmente no dolorosos. De hecho, trabajos previos han demostrado los pacientes con síndromes de dolor crónico (artritis, dolor de espalda y fibromialgia, entre otros) presentan procesos de modulación del dolor alterados. En otras palabras, las personas con mayor facilitación y menor inhibición del dolor tienen más probabilidades de desarrollar problemas de dolor crónico.

Por otro lado, los resultados recientes coinciden con estudios efectuados en adultos más jóvenes, lo que sugiere que un grado de actividad física alto se halla relacionado con una modulación más eficiente del dolor condicionado. Los adultos mayores, al ser más propensos a la inactividad física, también pueden ser más vulnerables a los dolores crónicos.

Con todo, los investigadores subrayan que se necesita investigar más para determinar si los efectos beneficiosos de las intervenciones de actividad física para reducir y prevenir el dolor en adultos mayores podrían maximizarse mediante la adaptación de un tipo de ejercicio físico específico que se adapte al patrón de modulación del dolor disfuncional del paciente.

 

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Article: "Physical activity behavior predicts endogenous pain modulation in older adults" (doi: 10.1097/j.pain.0000000000000769)

 

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