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Efectos de la menor presencia de EPA y DHA en la alimentación de salmón Atlántico

Efectos de la menor presencia de EPA y DHA en la alimentación de salmón Atlántico

El aceite de pescado es la principal fuente de ácidos grasos poliinsaturados n-3 de cadena larga como el ácido eicosapentaenoico (EPA) y el ácido docosahexaenoico (DHA). Debido a las crecientes demandas de EPA y DHA, como ingredientes en productos para la salud humana y alimentos para peces, actualmente hay una escasez de estos ácidos grasos en los mercados internacionales. Esto ha llevado a aumentar la sustitución del aceite de pescado por los aceites vegetales en el alimento del salmón Atlántico (Salmo salar) y por lo tanto reducir el contenido de EPA y DHA.

Se sabe que el 75-100% del aceite de pescado puede ser sustituido por aceites vegetales sin efectos negativos sobre el crecimiento, siempre y cuando la dieta contenga harina de pescado. Hoy, el nivel de harina de pescado en las dietas de salmón también está disminuyendo, conduciendo a una reducción más pronunciada en EPA y DHA. Sin embargo, los niveles mínimos requeridos de estos ácidos grasos en las dietas de pescado para asegurar la salud de los peces son desconocidos.

Efecto en el sistema inmunológico

En este escenario, investigadores de la Escuela de Farmacia de la Universidad de Oslo investigaron los efectos de diferentes niveles de EPA y DHA en el sistema inmunológico de salmón Atlántico con un enfoque en la señalización anti-viral y TLR (Toll-like Receptor). Además, aislaron leucocitos primarios y los estimularon con ligandos de TLR y analizaron parámetros inflamatorios.

Para ello, los científicos alimentaron los peces con 0, 1% o 2% de EPA o DHA solo o en combinación de ambos durante el período crecimiento de 50 a 400 g. Se aislaron los leucocitos primarios de riñón anterior y se estimularon con ligandos de receptor de tipo Toll (TLR) para determinar si la deficiencia de EPA y DHA puede afectar la expresión de importantes genes relacionados con el sistema inmunes y con la producción de eicosanoides.

Entre los resultados obtenidos por el estudio, los autores revelaron que varios genes relacionados con la respuesta inmune viral no variaron entre los grupos. Sin embargo, hubo una tendencia de que los grupos de alto nivel de EPA y DHA expresaron niveles más bajos de IL-1? en leucocitos no estimulados. “Estos leucocitos también eran más sensibles a los ligandos de TLR, induciendo mayores niveles de expresión de IL-1? y Mx1 después de la estimulación. Los niveles de prostaglandina E2 y leucotrieno B4 en el suero y los medios de los leucocitos estimulados fueron más bajos en los dos grupos de EPA y DHA”.

En conclusión, los leucocitos de grupos bajos en EPA y DHA parecían ser menos sensibles a los inmunoestimulantes, como a los ligandos de TLR, lo que indicaría que los niveles bajos o la ausencia de EPA y DHA en la dieta pueden tener efectos inmunosupresores.

Aunque se observó que solo algunos genes fueron afectados por EPA y DHA en los leucocitos no estimulados, la capacidad de estos leucocitos para responder a los estímulos patógenos se redujo con bajos niveles de EPA y DHA en la dieta y el riñón, lo que indica la importancia de los ácidos grasos n-3 en la resistencia a la infección y respuesta a las vacunas

 

Enlace al artículo

https://link.springer.com/article/10.1007/s10695-017-0353-4

 
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